
Tengo 79 años y hace unos días sufrí una caída por las escaleras de mi casa. Afortunadamente, solo fueron los últimos cuatro o cinco escalones, pero el golpe fue suficiente para dejarme tendido en el suelo, dolorido y sin poder levantarme de inmediato.
Mientras intentaba evaluar si tenía alguna lesión importante, pensé en la necesidad de pedir ayuda. Fue entonces cuando busqué mi teléfono celular en los bolsillos y descubrí que no lo tenía conmigo.
Durante los aproximadamente diez minutos que permanecí en el suelo, reflexioné sobre algo que hoy considero fundamental: nunca debería moverme por la casa o sus alrededores sin llevar el teléfono a mano. Ya sea en el jardín, junto a la pileta, en el parque o realizando cualquier actividad cotidiana, un accidente doméstico puede ocurrir cuando menos se espera.
Por eso quiero compartir esta experiencia con otras personas mayores. Llevar el celular encima puede parecer un detalle menor, pero en una situación de emergencia puede marcar una gran diferencia y permitir pedir ayuda de manera rápida.
A veces, los mejores consejos nacen de las experiencias vividas. Este es uno de ellos.
Fernando de Del Viso

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