Las zonas azules son regiones del mundo donde la proporción de personas que alcanzan los 100 años es curiosamente elevada en comparación con el resto del globo.
Primero fueron identificados cinco lugares con esas características: la isla de Okinawa, en Japón; la isla de Icaria en Grecia; la isla de Cerdeña en Italia, la comunidad adventista de Loma Linda, en California, USA, y la península de Nicoya, región de Guanacaste, Costa Rica.
Últimamente se sumaron tres zonas más: Vicambama, en Ecuador, Caucasia, en Georgia (antigua Unión Soviética), y Hunza, en Pakistán.
A título de ejemplo, y tomando el caso de Cerdeña, desde hace décadas, biólogos y genetistas se precipitan a Perdasdefogu para tratar de descifrar el misterio de la longevidad humana. En ese pueblo perdido en las montañas de Ogliastra, en el centro de la isla, viven los nueve hermanos Consòla Melis, que totalizan 837 años de edad. Ese grupo -considerado por el Guinness World of Records como la familia más longeva del planeta- no constituye una excentricidad, pues esa comuna de 1.741 habitantes tiene otros 11 centenarios. El fenómeno inusual se replica en la Barbagia “clásica” y en el sur de esa isla italiana.
Los biólogos están convencidos de que esas regiones pueden aportar la respuesta esencial que busca la ciencia para extender la duración de la existencia mucho más allá de la esperanza de vida promedio estimada en 2020 en 85,6 años para las mujeres y 79,7 para los hombres.
La división demográfica de la ONU estima que en la actualidad “solo” existen 535.000 centenarios; pero calcula que esa franja de población llegará a 3,7 millones en 2050 y a 19 millones a fin de siglo.
A pesar de que la cuenta regresiva se acerca a su fin, ninguno de los habitantes de las “zonas azules” parece angustiado por el desenlace de su existencia. Por el contrario, confiesan su pasión por reír, reunirse en familia, bailar y escuchar música con sus vecinos, jugar una partida de cartas y disfrutar de cada instante que les ofrece la vida porque aprendieron que la alegría, la felicidad simple y la sociabilidad son las principales condiciones de la longevidad.
Los estudios revelan ciertas características comunes de las personas que viven en esos lugares que son las siguientes:
● La actividad física.
● La alimentación sana, de base mediterránea.
● Tienen intensas relaciones sociales.
● Tienen un propósito de vida vinculado a lo religioso, filosófico o social.
Si bien nuestra situación y contextos son muy distintos, te invito a buscar cómo incorporar estas prácticas a tu vida cotidiana para preparar una mejor longevidad.
Cómo llevar una empresa de 50 a 300 empleados: Experiencias y análisis de empresarios, gerentes y especialistas en un sector clave de la economía argentina.
En el competitivo panorama de la economía argentina, escalar una empresa de 50 a 300 empleados es un desafío que requiere estrategia, innovación y liderazgo. Empresarios, gerentes y especialistas en el sector comparten sus experiencias y análisis, proporcionando soluciones y herramientas esenciales para empresas en proceso de profesionalización.
Si tu empresa ya no es pequeña y busca un crecimiento sustentable, aquí encontrarás las mejores prácticas y recomendaciones para seguir avanzando:
Hoy les compartimos una Declaración de diversas instituciones Universitarias para afirmar la protección de las Personas Mayores y el Derecho de los Jubilados a recibir préstamos.
Argentina ha liderado la defensa de los derechos de los jubilados, recibiendo reconocimiento internacional por sus políticas y estudios sobre el envejecimiento. Sin embargo, recientes declaraciones de la canciller Diana Mondino han generado preocupación al contradecir estos avances, promoviendo prejuicios que deshumanizan a este sector de la población. Es esencial recordar que Argentina ha ratificado la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, comprometiéndose a salvaguardar su dignidad, derechos y seguridad económica. Es hora de que el gobierno reafirme su compromiso con estos principios y garantice que todos los ciudadanos, independientemente de su edad, puedan acceder a sus derechos fundamentales, incluido el derecho a solicitar préstamos sin discriminación ni prejuicios infundados.
El ICC – Instituto de Cultura invita a la segunda y última reunión informativa sobre la Diplomatura en Cultura Argentina correspondiente a la sede Recoleta previa al inicio de clases del ciclo 2024 en abril.
Será para presentar el programa 2024 del curso, con clases presenciales en la sede. La reunión informativa se llevará a cabo el martes 19 de marzo, a las 19, en el CUDES: Vicente López 1950 (Recoleta, Ciudad de Buenos Aires).
Esperan que puedas asistir, para conocer más sobre la propuesta educativa. Si te interesa acompañar en esta reunión, por favor, enviá tu confirmación de asistencia.
Podés compartir la actividad con tus familiares y amigos. Para mayor información sobre la Diplomatura en Cultura Argentina ver: https://institutodecultura.cudes.org.ar/
En España hay activos 16 programas para que jóvenes y ancianos compartan piso. Distintos estudios subrayan los beneficios psicológicos y sanitarios de este tipo de relaciones.
Conchita Satorres buscaba compañera de piso en Barcelona. Esto es siempre un proceso complicado, pero aún más cuando sumas 91 años y tu último compañero de piso fue tu marido. Al enviudar, Conchita se empezó a encerrar en sí misma. Y en su apartamento. “Casi no salía”, reconoce. “El ratito que tenía a la Edith [su cuidadora], pues iba a la calle con ella. Pero después ya me quedaba sola, el fin de semana o las tardes”. Compartir piso podía ser una forma de romper esa dinámica, pensó. En lugar de poner un anuncio en Idealista, Conchita acudió a la Fundación Roure, una ONG catalana especializada en personas mayores. Les dijo que se apuntaba al programa de convivencia intergeneracional. Después de varias entrevistas con la psicóloga, apareció en su puerta una muchacha mexicana con unas maletas. Se llamaba Carla Argentina y tenía 30 años. Al principio se saludaban educadamente y se les hacía raro, no dejaban de ser dos desconocidas. Pero con el paso de los meses, fueron cogiendo confianza. Tres años después, ambas aseguran que no son compañeras de piso, son amigas. Familia.
En los últimos años, diferentes programas de convivencia intergeneracional como este se han popularizado en Europa, que parten de superponer dos problemáticas muy diferentes. Por un lado, la dificultad de acceso a la vivienda y la precariedad juvenil. Por otro, la soledad no deseada de las personas mayores. En la intersección de estas realidades, conviven miles de personas en España: puede que no compartan referencias culturales o códigos generacionales, pero comparten vida y piso.
Y eso es algo positivo. La amistad intergeneracional no había sido muy estudiada desde el punto de vista de la psicología y la salud, pero en los últimos años, diferentes estudios han señalado los beneficios bidireccionales de la misma. Un metaanálisis de 2019 señaló que los programas intergeneracionales redujeron significativamente el edadismo entre los participantes más jóvenes. Otro, de 2021, explicaba que los adultos mayores experimentan una reducción del número de caídas y fragilidad, y un aumento de fuerza y equilibrio. Un último metaanálisis señaló también una menor tasa de depresión entre los participantes.
En realidad, estos programas no han inventado nada nuevo. “Esto es la versión 2.0 de la antigua familia extensa, en la que convivían abuelos y nietos bajo el mismo techo”, explica Andrés Rueda, gerontólogo social y director de ASCAD. Y la familia extensa, señala, es una forma de evolución antropológica de la tribu, como grupos de personas conviviendo juntos. “La evolución hacia la familia nuclear rompió ese tipo de convivencia tribal y de familia extensa, especialmente en las ciudades o núcleos amplios de población. Pero genéticamente estamos programados para la convivencia intergeneracional de una forma natural”.
Pero más allá de nuestros genes, la realidad es otra. En 2022, más de cinco millones de personas vivían solas en casa, según el Instituto Nacional de Estadística. Esta cifra ha aumentado en casi un 20% en los últimos 10 años, y la previsión es que siga haciéndolo a un ritmo aún más elevado. No hay ningún modelo de familia o tipo de hogar que crezca con tanta fuerza. En una sociedad cada vez más individualista y envejecida, la soledad no deseada será uno de los grandes problemas del futuro. Y esto tiene consecuencias catastróficas.
Un reciente estudio de la revista BMC Medicine aseguraba que las personas mayores que no reciben visitas tienen un 39% más de posibilidades de morir que aquellas que sí las tienen. Las conexiones humanas les mantienen activos y potencian hábitos saludables.Programas como el de la Fundación Roure sirven como un dique a esta tendencia. “Somos un animal social por naturaleza y eso incluye la convivencia de jóvenes con personas mayores”, explica Rueda. “Pero todo esto necesita un formato determinado, unas condiciones”.
Las condiciones en el caso de Carla y Conchita eran claras. La joven no pagaría alquiler y a cambio haría compañía a la anciana al menos dos horas al día. Tres años después, el cariño y la convivencia han erosionado la rigidez de ese contrato. “La Carla ha sido una bendición”, asegura Conchita. “Porque puedo salir con ella, me saca a tomar el sol, a comer, a veces vamos de tiendas… Le gustan mucho los vestidos, las chaquetas y yo le aconsejo”. La convivencia entre ellas es similar a la que se da en cualquier hogar. Al principio había diferencias por lo que se ponía en la televisión. Conchita siempre ponía TV3, “sobre todo las noticias, que en esta casa son sagradas”, cuenta Carla. Ella no entendía el catalán y la política española le daba un poco igual. Le gustaban más los programas de reformas de casas o las series americanas. Pero a fuerza de ver las noticias, Carla aprendió catalán. De vez en cuando se le cuela alguna expresión o giro que llama la atención en medio de un discurso pronunciado con marcado acento mexicano. Conchita también se empezó a enganchar a algunas series que le gustaban a su nueva compañera de piso. Ver la tele se convirtió en un pasatiempo compartido. Algo parecido sucedió en la cocina, donde la una enseñó a la otra a cocinar los platos típicos de su tierra.
Carla Argentina Jiménez (33 años) junto a Conchita Satorres Biendocho (94 años). Viven juntas en el barrio de la Font de la Guatlla, en Barcelona, desde hace tres años.
Carla reconoce que se interesó por este programa por las condiciones económicas, pero después encontró en Conchita a una amiga. Su caso es paradigmático, explica Rueda: “Las convivencias surgen inicialmente por conveniencia o por intereses cruzados. Después, a partir de ahí, el roce y conocimiento mutuo hace el cariño que desemboca en una convivencia que va más allá de la inicial de orden muy material”.
Los programa de convivencia intergeneracional comenzaron a desarrollarse en España hace más de 25 años y se fueron multiplicando, de las grandes ciudades a las medianas. Actualmente, hay 16 programas repartidos a lo largo del territorio. Uno de los primeros fue Convive, una iniciativa que lleva activa desde 1995 y por la que han pasado más de 1.800 casos. El psicólogo Marcos Böcker es su responsable. “En una sociedad con vínculos más precarios, se requieren prácticas que fomenten el encuentro y la relación entre personas de diferentes generaciones”, explica en un intercambio de correos. “Frente a la soledad y lazos sociales fragmentados, las experiencias intergeneracionales pueden contribuir a generar sentimientos de pertenencia, de reconocimiento del valor social de todas las personas y al enriquecimiento mutuo en general”, señala. “Y esto, difícilmente se encontraría de forma natural, sin una promoción activa”.
En un primer momento, estos programas se entendían desde la caridad, poniendo a los mayores en una situación de inferioridad, pero la experiencia ha ido demostrando que este tipo de convivencia es enriquecedora para todos los involucrados. “Yo intento aportar a Conchita, pero ella también me aporta a mí”, explica Carla, que asegura haber aprendido no solo sobre historia y a cocinar, sino a vivir de otra forma. A tomarse las cosas con calma y disfrutar de la tranquilidad de estar en casa.
En estos años, también se ha dado cuenta de ciertos prejuicios sociales respecto a los mayores, de dinámicas edadistas de las que no era del todo consciente. “Tenemos una mirada que infantiliza e inhabilita a las personas mayores”, señala. “Se tiende a decir eso de ‘son como niños’. Y no. Son personas adultas con su personalidad y sus ideas, aunque físicamente estén mermados. Muchos mayores llegan a los 90 con su capacidad cognitiva intacta. Se nos olvida todo lo que podemos aprender de ellos”.
El edadismo fue un término acuñado en la década de los años 60 del siglo XX por el médico gerontólogo, psiquiatra y Premio Pulitzer Robert Neil Butler, nacido en Nueva Jersey, Estados Unidos, el 21 de enero de 1927 y fallecido en Manhattan, Nueva York, el 4 de julio de 2010.
Trabajó en el campo de las demencias y del envejecimiento, fue el primer director del National Institute on Aging de los Estados Unidos y acuñó el término “ageism”, para referirse a las discriminaciones que padecían las personas mayores. Término este, “ageism”, traducido al castellano y hoy mundialmente conocido en los países de habla hispana como edadismo. Para referirse a la discriminación que padecen las personas mayores.
Si cualquiera de nosotros entra en Google e introduce la palabra edadismo, el buscador de referencia señala que “el edadismo es una forma de discriminación social por cuestión de la edad, que afecta a muchas personas mayores”.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud define el edadismo como un conjunto de estereotipos, prejuicios y actuaciones discriminatorias contra las personas, por razón de la edad. “Los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) hacia las personas en función de su edad”.
Añadiendo, diversificando y especificando al tiempo las clases de edadismo más comunes; pues se indica que el mismo puede ser “institucional, interpersonal o auto infligido”. Debiendo destacar que, por lo que atañe al primero, “el edadismo institucional se refiere a las leyes, reglas, normas sociales, políticas y prácticas de las instituciones, que restringen injustamente las oportunidades y perjudican sistemáticamente a las personas en razón de su edad”.
La palabra edadismo proviene del vocablo latino “aetas”, edad; término que en una ampliación literaria abarcaría y resultaría identitario con la duración de una vida y con cada uno de los diferentes periodos de la misma (infancia, juventud, edad adulta, senectud…).
Abarcando así el tiempo global que transcurre desde el nacimiento de una persona, y dividiendo la vida humana en diversas etapas cronológicas.
Actualmente, debido al aumento de la esperanza media de vida en todo el mundo, se diferencia entre: 1.º La infancia-adolescencia (hasta los 18 años). 2.º La juventud (de los 18 a los 40 años). 3.º La edad adulta (de los 40 a los 55 años). 4.º La edad longeva (de los 55 en adelante), con el inicio de la vejez, a los 70 años.
En este artículo deseamos centrarnos en el edadismo que se evidencia en todo lo atinente a las discriminaciones por razón de la edad física de las personas.
Y más concretamente, en las discriminaciones que sufren las personas mayores.
La edad se convierte así en una categoría interdisciplinar, que remite a las particularidades y funciones psicológicas y socioculturales que en el imaginario colectivo se atribuyen a cada una de las fases vitales de la persona.
Partiendo de dichos parámetros y deseos ¿cuándo se inicia el edadismo? Hay que responder que, desde la propia infancia, con un desarrollo y potenciación con los años; progresivamente. Pues es claro que, a través del proceso de socialización, desde nuestro nacimiento recibimos constantes pautas acerca de cómo debemos conducirnos en la sociedad, así como los estereotipos y prejuicios de la cultura en la que nos desenvolvemos.
Se nos permite, en definitiva, categorizar la realidad, orientando nuestras actuaciones hacia las personas de distintas edades y hacia nosotros mismos introspectivamente. Observando así lo que cada ser humano percibe, tanto de los demás, como de sí mismo, para reflexionar sobre nuestra propia existencia.
Una de esas constataciones persistentes, es la que atañe al envejecimiento propio y ajeno; al hecho de la senectud en sí. Difícilmente esto será motivo de reflexión en una persona joven, pero seguro que ocasiona serios quebraderos de cabeza en un adulto de 65 o más años. Encontrando a veces cierto consuelo o desconsuelo personal, al contrastar la edad propia, con las expectativas de vida y con las tablas y datos de envejecimiento poblacional.
Ofrezcamos, pues, unos datos sobre este asunto; pues resulta evidente que se trata de una de las tendencias demográficas de mayor significación en el siglo XXI. Es, en efecto, un hecho multidimensional, asociado históricamente con la enfermedad, la discapacidad, la soledad y hasta la muerte. Aunque en los países más avanzados, y fundamentalmente gracias a los cuidados médicos, es una oportunidad para los propios involucrados, sus familias y la sociedad (lo que se conoce como perspectiva del envejecimiento activo).
Si partimos de datos actuales, la esperanza media de vida a nivel planetario supera hoy día los 70 años. Anticipándose desde la Organización Mundial de la Salud que, en 2050, dos mil millones de personas alcanzarán esta edad. Y respecto a nuestro país, para esa fecha se prevé que España roce los 86 años de expectativa de vida; la más elevada del planeta, y tres décimas por encima de las proyecciones para Japón (85,7).
De hecho, hoy en día ya somos uno de los países que disfruta de la esperanza media de vida más alta. Y que más rápidamente ha conseguido progresos en este asunto, en los siglos XX y XXI.
Veamos: año 1.900, expectativa de vida, 34,76; año 1.930, 49,97; 1.960, 69,85; 1.980, 76,95; 2.000, 79,34 y 2.022, 82,28 años.
Ante esta realidad y su futuro, enfrentar el edadismo es fundamental de cara a coronar una mayor igualdad entre todos los seres humanos; respetando y protegiendo su dignidad y derechos. Es uno de los pilares de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Esto se evidencia, cuando concretamente se dice que “las injusticias estructurales, las desigualdades y los nuevos retos en materia de derechos humanos están dificultando aún más el logro de unas sociedades pacíficas e integradoras”. Añadiéndose que “para cumplir el Objetivo 16 en 2030, es necesario actuar, para reestablecer la confianza y reforzar la competencia de las instituciones, para garantizar la justicia a todo el mundo y facilitar más transiciones pacíficas hacia el desarrollo sostenible”.
Dicho esto, y vistos los objetivos a alcanzar, cabe preguntarse qué líneas de actuación recomienda la Organización Mundial de la salud para enfrentarse al edadismo.
Encontrándonos las siguientes: 1.ª Invertir en estrategias fundamentadas en datos científicos que prevengan y luchen contra esta discriminación por motivos de edad. 2.ª Promocionar investigaciones sobre la materia con el objeto de reducirlo. 3.ª Crear un movimiento que apueste por un cambio sobre el discurso edadista. 4.ª Elaborar una Convención internacional que proteja los derechos de las personas mayores y que incluya obligaciones de los Estados hacia estos; además de complementar los documentos internacionales sobre el envejecimiento y ofrecer reparación cuando hubieran sido vulnerados sus derechos.
Estas, digamos, podrían ser las líneas maestras de actuación general y válidas universalmente.
Ahora bien, particularmente en nuestro país, ¿qué tipo de medidas específicas deberían adoptarse? Pensamos en las siguientes:
Apostar por una concienciación pública, con campañas de sensibilización ciudadana sobre la problemática del edadismo, con implicación de la sociedad en su conjunto.
Promover valores que permitan que personas de diferentes edades se relacionen bajo criterios se igualdad y respeto.
Educar desde la escuela en los valores de igualdad y justicia, así como en la adquisición de un lenguaje inclusivo.
Partir a priori de que los derechos no caducan con la edad, y de que las personas mayores deben considerarse como ciudadanos de primera categoría.
Fomentar un concepto holístico de la igualdad, integrado en la cultura política, y de modo consecuente en las políticas públicas; que considere a la persona como centro neurálgico de todo ello y que desarrolle estrategias, que afronten las cuestiones coligadas a la discriminación y la exclusión por razón de su edad.
Establecer un marco legal e institucional, que reconozca los derechos políticos y sociales de todos los mayores a través de mecanismos jurídicos que les ofrezcan garantías y protección.
Generar un debate ético en los medios de comunicación, asociaciones profesionales y organizaciones de toda índole, que visibilicen esta compleja problemática.
Promover el autocuidado (cuando la salud lo permita o exija), como pilar básico para la autonomía de los mayores.
Incluir a los mayores, tanto en las instituciones, como en las organizaciones decisorias. Y
Poner en marcha políticas e intervenciones en el ámbito empresarial para prevenir las situaciones de edadismo.
Estas líneas maestras que anteceden son muy importantes de conocer e impulsar; pues las investigaciones más certeras sobre el edadismo sugieren que la discriminación por motivos de edad puede ser ahora incluso más generalizada que el sexismo y el racismo y tiene graves consecuencias tanto para las personas mayores, como para la sociedad en general. De ahí que debamos concienciarnos de todo ello. Y a lo sumo, aceptar que el edadismo forma parte de nuestra comprensión del propio envejecimiento, de nuestras relaciones intergeneracionales, pero evitando que perpetúe conceptos estereotipados, que limiten nuestra comprensión de la diversidad existente en la vejez.
Finalizamos estas reflexiones, con unas bellas palabras del escritor, poeta y aforista polaco, Stanislaw Jerzy Lec; que en su conocida obra de aforismos Pensamientos despeinados (1957) manifiesta cuanto sigue:
La juventud es un regalo de la naturaleza, pero la edad es una obra de arte.
Te invito a inscribirte y participar en el Congreso Mundial de “Apoyos y Cuidados de Personas Adultas y Mayores” que se hará en Bs.As. del 27 al 30 de agosto 2024 cubriendo todas las temáticas de la Longevidad en inglés y español.
Los años suelen ponerse como un límite social, que marca el grupo de “pertenencia”. Sin embargo, hay personas que pueden salirse de las etiquetas y vivir esta etapa con una visión distinta
Para cambiar la mentalidad sobre el envejecimiento sirve el caso de un adulto mayor que desafió las expectativas convencionales de las personas de su edad. A los 90 años, se encaramó a un trampolín con gracia, ejecutó un salto perfecto y se unió alegremente a una partida de Marco Polo. Este vibrante evento marcaba la celebración de nueve décadas de vida, encapsulando la filosofía del protagonista sobre la edad.
“Siempre anticipé con entusiasmo llegar a esta edad”, compartió el protagonista anónimo, cuyos años de servicio militar solo añadieron capítulos a su ya rica vida. “No hay tantas batallas como antes. Existe mucha más paz”, agregó con una sonrisa que irradiaba sabiduría y positividad.
El espíritu jubiloso de esta persona hacia el envejecimiento no es simplemente un fenómeno único. Aunque cada individuo experimenta el paso del tiempo de manera única, expertos coinciden cada vez más en la correlación entre una mentalidad positiva y un envejecimiento saludable. Un estudio revelador, llevado a cabo durante décadas con 660 participantes y publicado en 2002, demostró que aquellos con creencias positivas sobre el envejecimiento vivieron siete años y medio más que sus contrapartes con opiniones negativas. Desde entonces, investigaciones adicionales han vinculado la mentalidad positiva con beneficios que abarcan desde una presión arterial más baja hasta un menor riesgo de demencia.
TRANSFORMANDO CREENCIAS LIMITANTES
La epidemia de estereotipos negativos en torno al envejecimiento permea nuestra sociedad, desde el vecino gruñón hasta el caricaturesco retrato del despistado. “Adoptar creencias negativas sobre el envejecimiento puede impactar nuestra percepción del proceso y, en última instancia, nuestra salud”, advierte Becca Levy, profesora de epidemiología en Yale y autora de “Breaking the Age Code: How Your Age Beliefs Determine How Long and Well You Live”. En 2009, un estudio revelador destacó que individuos de 30 años con estereotipos negativos sobre el envejecimiento tenían más probabilidades de experimentar eventos cardiovasculares en el futuro.
Levy propone una herramienta de introspección para cambiar estas creencias: un “diario de creencias sobre el envejecimiento” durante una semana. Al retratar a una persona mayor, ya sea en una película, redes sociales o conversación, se puede evaluar si la representación fue positiva o negativa, y considerar si podría haberse mostrado de manera diferente. Identificar las fuentes de estas concepciones negativas puede ayudar a distanciarse de estas ideas limitantes.
La Dra. Levy señala que fortalecer las creencias positivas sobre el envejecimiento es posible en cualquier etapa de la vida. Un estudio en 2014 con adultos mayores expuestos a imágenes positivas del envejecimiento demostró mejoras tanto en la percepción del envejecimiento como en la función física.
Cambiar la atención de la pérdida y la limitación hacia la búsqueda de modelos a seguir es esencial. Regina Koepp, psicóloga especializada en envejecimiento, sugiere que el envejecimiento no debe asociarse exclusivamente con la pérdida, sino también con la inspiración. “No tiene que ser alguien lanzándose desde un trampolín a los 90”, enfatiza Koepp. Puede ser simplemente alguien que asiste fielmente a una clase de yoga semanal o que se involucra como voluntario en una causa.
La Dra. Levy va más allá al recomendar identificar cinco personas mayores que hayan realizado acciones impresionantes o posean cualidades admirables. Este ejercicio puede cambiar la perspectiva y fomentar una visión más positiva del envejecimiento.
El optimismo, especialmente entre las mujeres, se vincula con una mayor probabilidad de alcanzar los 90 años, según investigaciones. Sin embargo, Melinda Ginne, una psicóloga de 74 años en la Bahía de San Francisco, advierte contra la positividad forzada. “Los clichés no funcionan; los hemos escuchado y son repetitivos”, dice Ginne. En lugar de eso, aboga por enfrentar la realidad con optimismo, reconociendo las limitaciones y adaptándose de manera positiva.
“Si te sientes desanimado porque no puedes jugar al tenis tan fuerte como a los 70, recuerda que es imposible recrear el pasado”, explica Ginne. “Si solo puedes jugar durante 10 minutos, destaca que aún tienes la capacidad de jugar”.
Cada vez es más numerosa la franja de los adultos mayores. Al cambio biológico debería seguirle un cambio social y cultural. Alicia Moszkowski y Ana Gambaccini dicen que empresas, organizaciones y autoridades deben medir la importancia de generar productos y servicios “que nos ayuden a vivir cada vez más y mejor”.
Dedicadas desde hace tiempo a difundir y promover la llamada silver economy (economía plateada), un fenómeno que crece en el mundo más desarrollado y que es apenas incipiente en el nuestro. Con la nueva longevidad, crece el sector etario de los mayores de 60 y, gracias a los avances de la medicina preventiva, se vive cada vez mucho más allá de la edad del retiro de la vida activa; ese límite marca hoy para muchos un nuevo comienzo, ya sea en lo laboral o en actividades culturales y recreativas. Un fenómeno que abre un abanico de posibilidades para las empresas, tanto de servicios como de productos, y también genera nuevas demandas en materia de políticas públicas.
Alicia Moszkowski y Ana Gambaccini, responsables de Group Conseil y representantes de Aging2.0, una red internacional que trabaja en la intersección de tecnología y mejora de la calidad de vida de la gente grande, explican en esta charla con Infobae cuáles son los desafíos que la nueva longevidad plantea a gobiernos, empresas, asociaciones e individuos. Un tema que no concierne sólo a los seniors; debemos tomar conciencia, dicen de que “todos tenemos un viejito o una viejita adentro que en algún momento se va a manifestar”.
— Se oye mucho hablar de nueva longevidad. ¿Qué sería y qué cambios implica?
Alicia — La medicina preventiva, los avances tecnológicos permiten que la gente viva cada vez más tiempo y esto redunda en un cambio radical en la vida cotidiana, en la economía, y hace que se desarrollen una serie de productos, servicios, modos de vida, estilos, que acompañan este proceso. A todo eso se llama nueva longevidad. Tiene que ver con la silver economy o economía plateada. Es lo que permite que la gente madura tenga más y mejores oportunidades, que siga produciendo, que siga aportando a la sociedad, que siga consumiendo y que los 60, los 70 y los 80 años de hoy no sean los de nuestros padres y abuelos.
— Culturalmente, ¿hay un acompañamiento de este cambio?
— (Ana) No, porque cultural y socialmente todavía se piensa que una persona de 60 años se retira. Y el retiro, o la jubilación, se relaciona con quien se queda en la casa sin hacer nada o se va al parque a jugar al truco.
— La clase pasiva.
— (Ana) Tal cual, y justamente eso cambió. Primero, hay que tener en cuenta que los mayores de 60 son más de 6 millones en el país. Entonces, tener esta clase social y económica inmovilizada es un costo altísimo para todos. Después, muchos dicen que jubilación es júbilo, el momento para pasarla bien, para disfrutar, para hacer cosas que te quedaron en el tintero, recrearse, hacer nuevos cursos. Y esto no es tenido en cuenta por ciertas empresas, por ciertos sectores económicos, por el Estado inclusive. Por supuesto que habrá personas que después de los 60, o 65, están más inactivas, pero eso no es el promedio, no es el total.
— En un momento existió una tendencia incipiente de las empresas de contratar gente mayor, porque la persona mayor tiene experiencia, posiblemente ha recorrido todo el escalafón de una actividad. ¿Eso se sostiene?
— (Alicia) No todavía, es un aspiracional. Nos encantaría que así fuera. Y parte de nuestra misión, tanto desde nuestra tarea cotidiana como consultoras del sector, como en calidad de representantes de Aging 2.0, una organización internacional que trabaja en la intersección de tecnología y mejora de la calidad de vida de la gente grande, nuestra tarea es contribuir a posicionar esta necesidad, a instalar la necesidad y a colaborar con que cada vez más empresas miren este segmento como algo atractivo. Porque hay mucha gente que está en los 50 y en los 60, anche en los 70 tempranos, que tiene muchísimo potencial, mucho para compartir y para dar, y el mundo laboral parece ignorarlo. Puede incluso aportar a un emprendimiento mucho más que una persona joven porque no tiene las complicaciones, las responsabilidades de la crianza, por ejemplo. Y así como el mundo laboral tiene desde hace pocos años el cuidado de no discriminar sería bueno que entre los conceptos de la no discriminación también incorporen al segmento senior.
Ana Gambaccini
— Es cierto.
— Porque tiene muchísimo para dar. Pero esto hoy es un aspiracional. Y no solo en la Argentina. Una investigación de mercado reciente de Estados Unidos muestra que solamente un 13% de las empresas encuestadas, que eran muchísimas, confesó estar evaluando incluir gente madura en su staff. Pero esto va más allá del concepto de empleo tradicional, porque como vamos a ser cada vez más, y vamos a vivir cada vez más tiempo, en breve van a ser muchos más los que reciben aportes del Estado que los que aportan al Estado. Entonces es bueno es poder seguir trabajando y fomentando la necesidad de colaborar con la sociedad profesional y laboralmente desde las habilidades de cada uno favoreciendo también los emprendimientos individuales y la confianza de la gente madura en que puede seguir aportando a la sociedad para crear un círculo virtuoso.
— ¿Es frecuente que hoy la gente que se retira de un empleo en relación de dependencia busque busca hacer otras cosas, busque emprender a esa edad?
— (Ana) Sí, mucha gente lo hace. Se encuentran a veces, especialmente las mujeres, con las limitaciones que propone la revolución digital, las nuevas tecnologías. Esto es algo en lo que no está acompañando la sociedad en el sentido de que tendría que haber capacitaciones continuas para ciertos segmentos etarios, porque si no no solamente no van a ser productivos, sino que quedan fuera del sistema. Y esto se está acelerando cada vez más. En la silver economy hay mucha gente que necesita mantenerse actualizada en todo lo que es tecnología.
Es importante que las corporaciones entiendan que llamar al talento senior les agrega valor
Ana Gambaccini
— ¿Y desde el punto de vista del crédito qué pasa? ¿Confían los bancos? ¿O dicen no, ya está, a esta altura no me lo va a poder devolver?
— (Alicia) Eso todavía es un paso en el que no se ha podido avanzar y es un tema cronológico, no. Eso es harina de otro costal. Pero ya el hecho que las corporaciones entiendan que llamar al talento senior les agrega valor, muchas veces con menor costo, y no me refiero a la remuneración sino a los costos extra que esto trae aparejado, porque hay mucha gente que es independiente, está jubilada, y puede seguir colaborando con empresas.
— (Ana) Aparte tienen de pronto más estabilidad que la juventud, que suele tener otras aspiraciones. Entonces para ciertos puestos es interesante este perfil de persona que propone el desafío de la diversidad dentro de la empresa.
— Claro. Es cierto el tema del prejuicio. Existe una tendencia descalificación. Me acuerdo cuando Roberto Lavagna se presentó como candidato; la mayor crítica que le hacían es que era viejo. Y tenía 77.
— (Alicia) Tal cual. Se llama edadismo. Existe la palabra, ya está acuñada, y es la discriminación por edad. Y es un concepto muy peyorativo.
Alicia Moszkowski
— Está gagá es el argumento. Si dice algo que no me gusta es porque está gagá.
— (Alicia) Exacto. Y eso tiene que ver también con un culto excesivo de la juventud, de la juventud eterna, que está muy arraigado en algunas sociedades. Y hablando de la nuestra es realmente una dictadura entre comillas.
— (Ana) Los nuevos productos y los nuevos servicios se piensan para el consumidor ideal que es el joven. Y justamente se están perdiendo todo un mercado que no se identifica con esos jóvenes. O sea, que de pronto…
— Sí, con el look, con el consumo, nada que ver.
— (Ana) Con el tipo de entretenimiento, con las relaciones sociales. O sea, dónde tiene que encontrarse la gente mayor de 50, 60 años. O sea, las cervecerías están invadidas por los jóvenes, entonces…
— Y el ruido….
— (Ana) Claro. Entonces no hay propuestas. Ahí hay un mercado que tampoco se está explotando.
— (Alicia) Las únicas que lo tienen claro, perdón, son las empresas de estética, que empezaron a visualizar la posibilidad de tener caras de mujeres maduras.
— Ah, en la publicidad.
— (Alicia) Sí, sí. Siempre recordamos el caso de la actriz Isabella Rossellini, que cuenta en un video muy lindo que la habían discontinuado en Lancome a los 43 porque era muy mayor. Y la volvieron a llamar a los 65 para que nuevamente fuese la cara de los productos Lancome.
— Está muy bien eso.
— (Alicia) Pero fuera de ese segmento, a la gente madura se la convoca para vender solamente productos para la tercera edad, no productos que tengan que ver con el entretenimiento y el disfrute de una franja que tiene menos obligaciones, porque los hijos ya están criados, son independientes….
— (Ana) Y también con esta extensión de la vida en Europa, en Estados Unidos, por ejemplo, surgen los complejos habitacionales para personas mayores, las residencias específicas… es algo común.
— Justamente da la impresión de que en nuestro país la única alternativa es el geriátrico. O quedarse con los hijos, lo que no siempre es posible. La independencia o el geriátrico.
— (Ana) Hay algunas alternativas intermedias. Pero el geriátrico tiene muy mala prensa, y la verdad es que hay geriátricos buenos, no tan buenos y otros excelentes. Además hay gente que necesita, por una cuestión de dependencia, estar en una institución. Muchos geriátricos tienen bastante entretenimiento y atención.
— (Alicia) Y hay algunas iniciativas nuevas distintas.
— Acá creo que no existe o no se ve el modelo que es muy frecuente en Estados Unidos, estilo country o condominio. Ese sistema, donde cada uno tiene su departamento o casa, permite que el que se vale por sí mismo se mantenga independiente, y el que necesita el cuidado lo tenga. En cambio, el geriátrico parece ofrecer a todos el mismo servicio o las mismas condiciones.
— (Alicia) Justamente estuvimos en contacto hace poco con una iniciativa muy disruptiva en ese segmento. Es un edificio súper inteligente, con tecnología de punta, que ofrece instalaciones que podrían ser tu casa, que no tienen nada que ver con una residencia tradicional para ancianos.
— (Ana) Ni con un hospital.
— (Alicia) Hay sectores para gente totalmente auto válida que decide vivir allí porque quiere resolver su diaria y tiene ganas de estar acompañada en espacios comunes. Y gente que realmente necesita acompañamiento que está en otro sector. Es un lugar muy interesante, en pleno centro de Buenos Aires, se llama We Care, y viene a romper con el concepto tradicional de institución para ancianos. Es un ejemplo de que ya empieza a haber en el mercado local iniciativas distintas.
— (Ana) Si el geriátrico está bien organizado, por otra parte, la persona no tiene que desplazarse para hacer actividades. Puede recibir a la familia… Pero empieza a haber otras alternativas. Y es muy importante que haya más. Porque si se considera que en el año 2040 los mayores de 80 años van a ser más de más de 2.400.000 personas… Y sólo el 5% de esa cantidad tiene que estar en una residencia por el tipo de cuidado que necesita…
La medicina preventiva y los avances tecnológicos definen una nueva longevidad que requiere del desarrollo de una serie de productos, servicios, modos de vida, estilos, que acompañan este proceso
— (Alicia) Es un montón de gente y no hay residencias que los puedan abarcar.
— (Ana) Entonces es necesario cambiar el chip respecto a qué se busca en una residencia.
— ¿Y las universidades? Se ve también gente que a los 50, 60, incluso más, empieza una carrera o simplemente se da el gusto de estudiar de nuevo.
— (Ana) Sí, sí. Y están aquellos que siguen carreras tradicionales para llamarlo, y después están los cursos de extensión de las universidades. Esto es muy interesante porque las universidades públicas, y muchas del Conurbano, tienen cursos de extensión especialmente para los mayores de 50, 60 años.
— (Alicia) Sí, y hay gente que también decide emprender una nueva vocación a esta altura de la vida. Dedicarse a algo totalmente distinto. Es sorprendente el vuelco que pueden pegar y la motivación.
— La motivación suele ser mayor a esa altura porque la persona ya tiene una vida hecha y sabe bien lo que quiere.
— (Alicia) Exacto. Y tiene una conciencia del valor del tiempo que cuando está en la primera etapa de la vida no valora totalmente.
— Estaba releyendo ese libro de Simone de Beauvoir, La Vejez, en el que ella dice que la vejez es más negada que la muerte. De la muerte no nos gusta hablar, pero la vejez es directamente negada.
— (Ana) Es que uno no se imagina viejo. Uno no dice cuando yo tenga 70 años me gustaría estar en tal lugar y ser de esta forma, y vestir de esta manera. Y es terrible porque uno siempre tiene proyectos, a los 15, a los 20, a los 25, a los 30, no sé si son propios, si son mandatos. Y después de cierta edad si no tenés un motorcito propio la sociedad te aplasta totalmente con lo que podés hacer con tus expectativas, con tus posibilidades.
— Me imagino que también debe haber mucha gente que se dedica a tareas comunitarias, de solidaridad. Gente que dice, bueno, yo ya viví, ahora voy a ayudar a otros, voy a transmitir lo que sé…
— (Alicia) El voluntariado, claro. Sí, muchísimo voluntariado. Muchas personas están involucradas en tareas voluntarias y eso les da una enorme satisfacción. También está el tema de qué hacer con el tiempo. Porque hay un tema de soledad en la gente madura muy fuerte.
— (Ana) Claro, en las mujeres especialmente, porque los chicos se fueron de casa, muchas quedaron solas, por decisión o por elección, algunas disfrutan esta soledad, si es elegida, otras no tanto. O dejaron de trabajar, y tenían su grupo de referencia en el trabajo. De pronto te encontrás con que estabas haciendo un montón de cosas porque eras demandada para eso, y ahora tenés todo el tiempo para vos y para pensar qué es lo que querés ser. Muchas están fascinadas con ser abuelas. Pero igual piensan y yo dónde estoy.
— (Alicia) Las mujeres, justamente, como estuvieron tan enfocadas en la cuestión familiar o en el trabajo, han dejado sus relaciones históricas. Y entonces retomarlas les cuesta mucho. Por eso las redes de contención de pares son tan valiosas. Y las mujeres se refugian en ellas. Es muy frecuente ver grupos de mujeres compartiendo en un restaurante, en un bar, pero no es tan frecuente ver grupos de hombres. Entonces ellas se plantean los hombres dónde están. Ese es otro tema.
— Hay menos. La desgracia es que hay menos. No son tan longevos.
— (Alicia) Es verdad. Es verdad, sí. En una reciente investigación de mercado de la Universidad de San Andrés una encuestadora contaba que después de los 65 años habría tres mujeres por cada hombre. Y eso explica un poco el fenómeno de por qué hay tantas mujeres con mujeres en distintas actividades culturales, sociales y demás.
— Es la biología, eso no tiene remedio.
— (Alicia) De todos modos, lo que se abre es un abanico de posibilidades enormes para hombres y para mujeres con lo que está por venir. Y lo interesante es poder ir convenciendo, posicionando, hablando, dando ejemplos de todo lo que hay que hacer en este segmento.
— Sí, lo más importante y lo más difícil es la batalla cultural.
— (Alicia) Eso es. Estamos convencidas de la importancia de colaborar a que tanto empresas como particulares, como individuales, como organizaciones, como grupos de poder, como autoridades…
— ….políticos…
— (Alicia) …políticos sobre todo, porque hay tanto para legislar en la materia. Que vayan entendiendo que todos tenemos un viejito adentro, una viejita adentro, que en algún momento se va a manifestar y que necesitamos encaminar proyectos, legislar, ayudar a que se generen también productos y servicios desde el punto de vista de la economía que nos ayuden a vivir cada vez más y mejor. Y a eso estamos dedicadas.